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26 Noviembre 2007

Equidad de los trabajadores, pero a la baja

Hay una ley en la negociación laboral: una conquista perdida nunca volverá y se extenderá a otros trabajadores y dará pauta para la merma de otros derechos laborales.

El sistema de pensiones en Francia ha sido objeto de una prolongada batalla entre sindicalistas y los gobiernos derechistas de Francia. La huelga que estalló el 14 de noviembre es sólo el episodio más reciente.

Con el lema de acabar con los trabajadores privilegiados el presidente Nicolás Sarkozy ha emprendido una embestida con todos los recursos, sabedor de que del resultado depende su carrera política.

Dicen que Sarkozy busca hacer más competitiva a Francia. Alguien debería decirle que eso se logra con tecnología, con capacitación y estímulos a los trabajadores, no despojándolos de derechos

A primera vista los argumentos parecen incontrovertibles. ¿Por qué los trabajadores del transporte público y otros trabajadores estatales se jubilan a los 55 años de edad, después de cotizar 37.5 años, mientras el resto de los trabajadores tienen que esperar 10 años más?

Sarkozy puntualizó que la reforma de las pensiones especiales no es un ataque a los trabajadores.

“Es una cuestión de equidad en el reparto del esfuerzo frente a la evolución de la demografía, a la vida que se prolonga y al número de jubilados que aumenta respecto al número de activos”.

El problema es que, para la derecha cuando se trata de trabajadores, el ajuste en favor de la equidad siempre es a la baja.

Y tampoco sus argumentos resisten un análisis de fondo. Ciertamente el sistema de pensiones tiene problemas de financiamiento y el número de trabajadores jubilados ha crecido respecto al de activos, pero ¿eso es culpa de los trabajadores? Por supuesto que no.

En primera instancia, es causado por la forma en que se reparte la riqueza, que ha permitido que los salarios de los trabajadores no corran al parejo de las ganancias en productividad de los trabajadores y por tanto los grandes empresarios se queden con una mayor rebanada, ya sea en forma directa (como empleadores de los trabajadores) o indirecta (al servirse de los servicios públicos).

Por otra parte, lo que se requiere es más trabajadores, para que la proporción se altere lo menos posible. ¿Y cómo lograrlo si los trabajadores antiguos van a permanecer más tiempo en sus puestos? Y es preciso permitir el acceso de los inmigrantes.

Con las pensiones ocurre lo mismo que con la pobreza: la solución no está en la reforma al sistema de pensiones o en dádivas del gobierno, sino en modificar de raíz la regulación del mercado para evitar que la riqueza siga el proceso intrínseco del capitalismo hacia la acumulación en pocas manos y la paulatina marginación de todos los demás respecto a los beneficios del desarrollo económico.

Los sindicatos franceses (como cualquier sindicato) deben erradicar de la opinión pública la idea de que su lucha se restringe a una negociación contractual y que se trata de proteger privilegios.

Su lucha es por contener el capitalismo salvaje y por consolidar derechos laborales, a fin de extenderlos a toda la plantilla laboral, ante el embate para hacer cada vez más precario el empleo.

Francia, entre reforma e inmovilismo

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