11 Febrero 2008
Concluye el jaleo por el IFE
La democracia en México recibió un duro golpe de una institución que debería ser una de las principales garantes: el poder legislativo. Arguyendo que la sociedad había perdido la confianzaen el Instituto Federal Electoral (IFE), el Congreso mexicano emprendió un procedimiento para destituir a los consejeros del IFE, máxima autoridad del órgano electoral.
Cerrar el archivo 2006, desafío del IFE: Valdés Zurita Milenio, 9 de febrero de 2008.
Casi dos meses después de convenir en un relevo escalonado, los principales partidos políticos pudieron ponerse de acuerdo y nombrar al nuevo presidente consejero y a los dos consejeros que sustituirán a la primera tanda de consejeros destituidos.
Autonomía de pacotilla para el IFE
Se supone que el IFE es un órgano autónomo. Y autonomía significa, entre otras cosas, que ninguna institucional gubernamental puede destituir a sus autoridades. Es así que no se puede destituir al rector de la UNAM, o al director del Banco de México. Y, sin embargo, para sustituir a las autoridades del IFE bastó un procedimiento en el que ni siquiera hubo consenso.
¿La confianza en el IFE?
En todo el procedimiento de destitución subyació la idea de que la sociedad había perdido la confianza en el IFE por los resultados de las elecciones presidenciales de 2006.
Sin embargo, los resultados de las encuestas no avalan esta posición. Por ejemplo, según Consulta Mitofsky, en vísperas de los comicios el IFE tenía, en una escala del 1 al 10, una confianza de 7.9; después de las elecciones ésta cayó a 6.9, pero cuatro meses después ya estaba en 6.9. Cuando comenzó el procedimiento de destitución la credibilidad era de 7.0, apenas abajo del 7.18 de promedio de cuatro años.
Para el caso, en comparación, la confianza en los diputados y los senadores antes de las elecciones (5.8 y 6.1), menor que la que ostenta el IFE, había caído para septiembre de 2007 a 5.5 y 5.6, respectivamente. ¿Alguien habló de destituir a sus autoridades por su baja y decreciente confiabilidad?
Supongamos, no obstante, que fuera real esa pérdida de confianza. ¿El poder legislativo puede arrogarse la facultad de actuar en nombre de la sociedad, cuando sabemos que por lo general actúan en función de intereses partidistas? Y no hay que ser demasiado suspicaz para suponer que fue una revancha por los resultados “insatisfactorios” que tuvieron las elecciones de 2006.
Ahora que la independencia del IFE ha quedado en entredicho, no queda sino prever que los recién nombrados consejeros se conducirán tratando de satisfacer las expectativas partidistas y no las de la sociedad,
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